top of page

¿Qué significa ser líder social en Colombia?

 

Capítulo 1: Bienvenidos al porvenir

Rosa García de la Rosa apoya sus maletas sobre el pasto verde y abundante que la mantiene firme, respira profundo mientras voltea a mirar a su esposo y a sus cuatro hijos, quienes contemplan extrañados la edificación que tienen en frente, y que alguna vez fue su hogar. Nada está como lo recordaban: las cercas, que delimitan las grandes extensiones de tierra que conforman la finca ‘El Porvenir’, están en el suelo; la maleza está tan crecida que apenas permite ver los muros que aún quedan en pie, y la tierra seca, como si no la cuidaran hace más de ocho años. Como si estuvieran conectados, los seis miembros de la familia De la Rosa comienzan a avanzar en absoluto silencio, una vez adentro todo es aún más ajeno a sus recuerdos, ya no hay baños, no hay cocina, no hay techo y las paredes agrietadas amenazan con caerse. Se separan, cada uno comienza a recorrer la finca por su lado, haciendo un intento por reconocerla.

Rosa sale de nuevo, le apetece recorrer lo más familiar y el paisaje es lo único que no ha cambiado mucho, divisarlo la hace sentir como en casa. A pesar de ser barranquillera, su lugar está en Curumaní, un municipio de Colombia ubicado en el departamento del Cesar. Junto con los cinco miembros que conforman su familia, hace parte de los 42.353 habitantes que ocupan este territorio y que día a día se dedican a trabajar esta tierra bendita que les permite actividades como la agricultura, la ganadería, la pesca y la minería. Para fortuna de unos cuantos e infortunio de muchos, Curumaní está atravesada por la ruta 45, también conocida como ‘ruta del sol’, lo que la hace atractiva para muchos carteles del narcotráfico que la ven como una vía de fácil acceso para sacar cargamentos de droga, al igual que para muchos grupos armados al margen de la ley.

Al recordar esto último Rosa no puede evitar sentir amargura, aunque descuidada, ‘El Porvenir’ sigue siendo esa finca de 230 hectáreas que tiene yacimientos de minerales como variscita, hierro y caliza y que además, diariamente es visitada por un sinnúmero de personas, motos y cargamentos, pues cuenta con caminos o salidas hacia varias veredas del municipio. En otras palabras, sigue siendo esa finca de la que fue desplazada en el año 2005, pues era de mucho interés para los grupos paramilitares y querían hacerse a ella.

Da un último vistazo al paisaje y entra de nuevo en la casa, se dispone a dormir, va a la única habitación que aún está cubierta y encuentra a toda su familia envuelta en sacos en los que se recoge el maíz, para refugiarse del frio. Se dijo a sí misma que las primeras noches iban a ser las más duras, pero en realidad, durante los siguientes años, tendría que superar varias pruebas: enfermedades, escasez de alimentos, falta de recursos y deudas, muchas deudas.

Con el pasar del tiempo, la vida le volvió a sonreír, ahora, cuando mira a las afueras de su casa, ve la recompensa de casi cuatro años de esfuerzos: su propio ganado, a sus hijos estudiando y en ocasiones trabajando con su papá en los grandes cultivos que habían sembrado; yuca, plátano, maíz, aguacate, ahuyama, tomate y muchas frutas más. Era inevitable para Rosa pensar que si bien no podía pedirle nada más a la vida, tampoco dejaría que esta le volviera a arrebatar algo de la manos.

Esta madre campesina, cada noche se acuesta en su cama, al lado de su compañero, con la satisfacción del deber cumplido; sin embargo, no logra conciliar el sueño, mira al techo durante varias horas como si intentara descifrar un gran acertijo, puede ser porque ya ha vivido la experiencia de abandonar todo lo construido que no deja de pensar en que debe asegurar sus tierras, no tener escrituras de estas significa estar en constante amenaza de expropiación. No pierde el tiempo, empieza a empaparse del tema, durante la noche revisa periódicos, leyes, manuales, y durante el día comenta su preocupación con una y otra persona esperando encontrar respuestas como la que le dio una mañana el presidente del ‘Proyecto de zona de reserva campesina’ al hablarle de su labor impulsando el proceso de propiedad de las fincas valiéndose del primer punto del acuerdo de paz, y quién además la invitó a ser parte del comité.

Los primeros meses se le veía feliz, empoderada y enamorada de su labor, dividía su tiempo entre los quehaceres en la comunidad y los quehaceres en su finca, se entusiasmó tanto con los primeros que decidió adquirir más responsabilidades, aparte de ser líder social en el proyecto de reserva campesina, se vinculó al comité cívico por la defensa del agua y el territorio y se convirtió en la representante legal de la ‘Asociación de Mujeres Campesinas Sin Limites Para Soñar’. Pero al cabo de un tiempo, se le empezó a ver más prevenida, asustada, como si recién se enterara de lo que significaba ser líder social en Colombia.

Capítulo 2: Ser líder social en Colombia significa recibir visitas inesperadas

Rosa García se encuentra en su casa en el pueblo, terminando de empacar los almuerzos de los trabajadores de la finca para que cuando su hijo llegue, pueda subirlos. De repente se ve interrumpida por un golpe sutil en la puerta:

- ¿Quién es? ‒Preguntó Rosa.

Ante el silencio, ella decide abrir la puerta, en frente suyo cuatro hombres que se identifican como miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN), la guerrilla más grande que sobrevive en Colombia tras la desmovilización de las FARC. Opera con fuerza en departamentos como Chocó, Norte de Santander, Arauca, y en esta ocasión están interesados en Curumaní, pues quieren hacerse al control total de diferentes economías criminales como el narcotráfico, el paso ilegal de trochas y la minería ilegal.

‒Si me van a matar, mátenme de una vez ‒Fueron las primeras palabras de Rosa, pues sabía que el comandante del ELN llevaba mucho tiempo buscándola y también sabía que no había visto con muy buenos ojos su decisión de irse de la finca para vivir en el pueblo.

 

‒Tranquila mi señora, hoy no la vamos a matar, vinimos a que usted nos explicara de qué lado está.

 

‒Ya renuncié a socializar el proceso de paz, únicamente trabajo con el proyecto de reserva campesina, estoy del lado de la comunidad ‒Respondió Rosa.

 

‒Señora, mi comandante enserio cree que usted es una muy buena líder, una que no entiende todavía la dinámica del territorio, un día va a amanecer con moscas en la boca y no porque nosotros la matemos. Vea, el Centro Democrático la tiene en la mira, creen que su afán por defender el proceso de paz es para más adelante servir de republiquetas para cobijar las FARC, por otro lado, los que tienen varias hectáreas de tierra están en desacuerdo con escriturar el territorio campesino pues en el proceso se estipula un máximo hectareaje, y a eso agréguele las empresas mineras que quieren como sea su finca ‒dijo uno de los cuatro hombres, mientras Rosa se limita a escuchar con atención.

‒Como sea, vinimos a decirle que tiene cita arriba con mi comandante el próximo 5 de mayo ‒agregó otro de los hombres para finalizar la conversación.

 

‒¿Cómo así? Pero, si yo subo ¿ustedes me garantizan la bajada? –Preguntó Rosa en un intento por no demostrar los nervios.

‒Le garantizamos la subida, no la bajada – dijo otro, y se fueron.

Capítulo 3: Ser líder social en Colombia significa decir varias veces adiós

 

Curumaní, 4 de mayo

‒ ¿Aló? ¿Amor? –Dijo Rosa con la voz entrecortada.

‒ ¿Qué paso, amor? –Respondió su esposo.

‒Me voy a Barranquilla a vivir con mi hermana, el comandante me puso una cita para el próximo 5 de mayo, yo puedo subir, pero quién sabe si bajo…

‒Pues si te vas a ir, Rosa, vete tú sola, me dejas a los pelaos acá. Harto te advertimos que no te metieras en esas vainas.

‒Yo voy a volver por mis hijos –contestó ella un poco airada, pues esa no era la respuesta que esperaba.

‒Adiós, Rosa.

‒Adiós.

 

Barranquilla, 18 de mayo 

En Barranquilla las cosas no fueron más fáciles para esta líder social, trataba de mantener un bajo perfil, así que se movía de la casa de su hermana a la casa de su otra hermana, constantemente, por miedo s ser localizada por la guerrilla. Esperaba una visita de la policía metropolitana, que había prometido ayudarla en su caso, lo que no se esperaba es que los policías acudieran a esta visita vestidos de civil, preguntando por ella, exponiendo su identidad y generando pánico entre los vecinos del pueblo.

 

‒ ¿Aló? – Contestó a la llamada de su hermana.

‒Rosa, la guerrilla te encontró, llegaron dos hombres armados y vestidos de civil a la tienda de la señora Rosa, ella se alarmó y entendió que era a ti a quien buscaban, entonces les indicó donde vivías.

‒ ¿Estás segura que es la guerrilla?

‒Sí, hermana, mira, mi esposo ya no te quiere aquí, siente que nos pones en peligro y los vecinos ya saben por qué volviste, lo máximo que puedo hacer por ti es regalarte mi alcancía, saca la plata que hay ahí y mira pa’ dónde agarras.

‒Está bien, no quiero incomodarlos más –Respondió resignada.

‒Adiós, Rosa.

‒Adiós

 

Bogotá, 19 de mayo

En Bogotá la situación era más complicada que en Barranquilla, Rosa hacia parte de los 8 millones de desplazados que han llegado sin nada y sin nadie a ciudades o incluso países desconocidos, como causa del conflicto armado. En la alcancía de su hermana había únicamente cien mil pesos que ya había usado en el trayecto Barranquilla – Bogotá y el pago de un cuarto de hotel ubicado en la localidad de Teusaquillo. Sobrevivió 15 días gracias a la ayuda de contactos y diversas fundaciones que le ofrecían migrar hacia destinos como España para solucionar su situación, incapaz de abandonar a sus hijos, Rosa se negaba rotundamente a estas opciones, de la misma forma que se negó a quedarse en la capital colombiana, que a su modo de ver, era hostil, inmensa y muy fría.

‒ ¿Aló?

‒Hola, Rosa, soy Doris, la secretaria de zona de reserva campesina.

‒Como me alegra escucharla –respondió entusiasmada, pues ya había contemplado la posibilidad de irse a vivir con ella.

‒Rosa, estuve hablando con la fundación y sí es posible traerla para Villavicencio, viajaría mañana, yo acá la puedo ayudar.

‒No sabe cuánto le agradezco, Doris.

‒La espero. Adiós, Rosa.

‒Adiós

Villavicencio, 4 de junio

La travesía de Rosa parecía llegar a su fin, si bien no se sentía como en casa, estaba cómoda, y el clima, que era un tema bastante importante para ella, había mejorado notoriamente. Sin embargo, a los pocos días de estar en Villavicencio trabajando de la mano de Doris, recibió una llamada que la llevaría al lugar donde habría dejado su corazón.

‒ ¿Aló? ¿Amor? ¿Qué pasó? – Respondió asustada la llamada de su esposo, pues por cuestiones de seguridad la conversaciones con él eran escazas.

‒Rosa, el niño se enfermó y hubo que hospitalizarlo, yo creo que lo mejor es que regreses a Curumaní

‒Voy a ver cómo consigo la plata y está misma semana arranco para allá.

‒Bueno, Rosa, adiós.

‒Adiós, amor.

 

Curumaní, 8 de junio

Una vez de vuelta en Curumaní, Rosa acudió al hospital para cuidar de su hijo y lo acompañó hasta que le dieron de alta. Aprovechó la mejora en la salud de su hijo para subir a la finca, el corazón se le llenó de alegría y nostalgia al ver que durante su ausencia las cosas siguieron funcionando bien. Le dio un fuerte abrazo a Doña Diose y a Don Enrique, quienes tiempo atrás habían asumido la responsabilidad de cuidar la finca y su producción.

‒Aquí me quedó, doña Diose, está es mi casa y si me tengo que morir, me voy a morir en Curumaní –Dijo envalentonada por la alegría que sentía de ver su finca.

Aquellas palabras fueron un poco tempranas, pues al cabo de los meses comenzó nuevamente a recibir amenazas por parte del ELN, así que optó por volver a vivir en el pueblo. Después, las visitas a la finca y a la casa se volvieron recurrentes, de modo que sabía que era momento de prepararse para su próximo (y probablemente último) adiós.

‒Me voy de nuevo para Barranquilla, ya hablé con mi hermana y ella me va a recibir, me llevo a mi hijo menor conmigo, al fin y al cabo a los otros ya terminé de críalos ‒le dijo a su esposo.

‒Llévate también al mayor pa’ que te ayude.

‒Pues si se quiere ir conmigo, me lo llevo…

Capítulo 4: Ser líder social en Colombia significa preguntarse constantemente ¿Pude haberlo evitado?

  1. de agosto, 10 a.m.

‒Aló, ¿Doña Diose? –Preguntó Rosa, tratando de averiguar quién había contestado el teléfono.

‒Sí, dígame, señora Rosa.

‒Doña, Diose, ¿por ahí anda don Enrique?, para que me lo comuniqué por favor.

‒No señora Rosa, él subió temprano a los cultivos de maíz, ¿por qué? ¿para qué lo necesita?

‒Es que me llamó el presidente de la junta de acción comunal y me dijo que había visto algo raro por ahí, entonces tan pronto don Enrique baje a almorzar dígale que me timbre, por favor.

‒ ¿Raro como qué, Doña Rosa?

‒No, Diose, no me dijo qué, dígale que me llamé por favor –Respondió Rosa, omitiendo que lo que había visto el presidente eran hombres de la guerrilla merodeando por ahí cerca y preguntando por el administrador de la finca.

‒No señora Rosa, pero es que yo no creo que él vaya a bajar porque él esta mañana se llevó el almuerzo

‒Bueno, entonces hagamos una cosa, yo la llamo a las 7 de la noche, que él ya habrá llegado, ¿listo?

‒Listo, señora Rosa

Rosa colgó el teléfono. A las pocas horas llegó su hermana y se pusieron a hablar, el reloj marcó más de la 7 y la conversación aún no había terminado. Rosa olvidó por completo su compromiso de hablar con Don Enrique.

 

22 de agosto, 8 p.m.

Timbra el teléfono de Rosa, es doña Diose

‒ ¿Aló?, doña Diose, se me pasó llamarla

‒ ¡Señora, Rosa! Unos hombres llegaron a matarnos, acá hay un poco de muertos –Dijo una voz al otro lado del teléfono, era una de las hijas de Doña Diose.

‒ ¿Cómo así que un poco de muertos? –Preguntó angustiada Rosa, quien solo podía pensar que entre esos muertos podía estar alguno de sus hijos o su esposo.

‒El señor Oscar, el señor Enrique están muertos. Mi mamá se va a morir también, por favor ayúdenos –Dijo la niña desesperada.

‒ ¿Mis hijos? ¿Están entre los muertos? – Suplicó por una respuesta

‒Mi mamá se va a morir, ¿qué hago? –Dijo nuevamente la niña

Rosa colgó el teléfono, su instinto maternal la obligó a ignorar todo lo demás y cerciorarse de que su familia estuviera bien. Llamó a sus hijos y ellos le comentaron que estaban en el pueblo, que no se encontraban en la finca, ella les habló de lo sucedido para que ellos fueran por ayuda. Antes de devolver la llamada a la hija de Diose, Rosa contactó al defensor del pueblo de Valledupar para que subiera a la finca con ambulancia y con lo necesario para atender la situación.

‒ ¿Aló?

‒Señora Rosa, ¿qué hago con mi mamá?, ayúdeme por favor, se está muriendo, se está muriendo, yo me salvé porque estaba dentro de la cocina y ellos no me vieron ‒contó la niña en medio de la desesperación.

‒La ambulancia ya está en camino, llama a tu hermana, la mayor…

A las 11 p.m. bajaron los cuerpos de varios trabajadores de la finca, los habían matado a todos, entre ellos don Enrique. Doña Diose sobrevivió milagrosamente tras casi 15 impactos de bala y tres meses en cuidados intensivos. Las muertes de esos trabajadores, el sentimiento de culpa y la pregunta “¿Pude haberlo evitado?”, no dejan de dar vueltas en la cabeza de Rosa desde ese trágico 22 de agosto.

Ser líder social en Colombia es vivir retando a la muerte, vivir migrando, vivir con miedo. Actualmente el paradero de Rosa es conocido únicamente por sus familiares más cercanos y la finca a la que siempre regresaba con la esperanza de un mejor porvenir, lleva varios años abandonada.

bottom of page